El pájaro más pequeño que existe

Vive en Cuba. Puede volar a 50 km/h. También es capaz, como los insectos, de volar hacia atrás; ninguna otra ave puede hacer eso. Bate sus alas a frecuencias que pueden ir desde 12 hasta 90 batidos por minuto; en realidad, parece más un insecto que un pájaro. Su nido tiene 3 cm de diámetro. Y no llega a los 2 g de masa. Se llama Mellisuga helenae, aunque en español se le llama pájaro mosca o zunzuncito. Es un colibrí, el colibrí más pequeño que hay. Hay otros muchos colibrís y todos son de muy pequeño tamaño. Pero ninguno es más pequeño que el zunzuncito.

Al ser tan pequeños y al realizar una actividad física tan intensa, el metabolismo de los colibríes es el más alto de entre los animales homeotermos, y su tasa metabólica es la más alta o una de las más altas del reino animal[1]. Por esa razón, sus necesidades de oxígeno son también muy elevadas, así como la frecuencia a la que late su corazón. La frecuencia cardiaca más alta que se ha medido jamás es de 1.260 latidos/minuto. Las necesidades de energía de los colibríes son también altísimas, pues de otra forma no podrían satisfacer las elevadas demandas metabólicas que genera la gran actividad que desarrollan. Por ello, han de comer mucho, y de hecho, teniendo en cuenta su tamaño, los colibríes son los animales que más comen.

Por otra parte, es tan alta la demanda energética de estas minúsculas aves que de noche, cuando no vuelan y no pueden alimentarse, reducen la actividad renal, la frecuencia cardiaca[2] y la temperatura corporal, de manera que disminuye de forma significativa su gasto metabólico. No debe olvidarse que al tratarse de unos animales tan pequeños, su metabolismo basal es también muy alto[3]. Así pues, en la noche entran en una especie de letargo, una situación similar, salvando las distancias temporales, a la de los mamíferos que hibernan durante los meses de invierno.

Los colibríes se alimentan, principalmente, de néctar, aunque de vez en cuando ingieren algún insecto para satisfacer sus necesidades de proteínas y de sales. El néctar es una fuente de glúcidos, pero la concentración de azúcar en el néctar de algunas flores es muy reducida. Por esa razón, para satisfacer sus necesidades energéticas, en ocasiones han de consumir importantes volúmenes de néctar y lo han de hacer con frecuencia. Los pájaros mosca, por ejemplo, llegan a visitar hasta 1.500 flores en un solo día, y eso que no dedican más de cinco horas diarias a extraer el néctar de las flores. Como consecuencia de una tarea tan intensa, aunque limitada en el tiempo, consiguen cada día una cantidad de alimento equivalente a su masa corporal, pero claro, dado que se trata de un alimento tan diluido, eso significa que han de ingerir una masa de néctar que es entre cinco y quince veces mayor.

Es verdaderamente ardua la tarea que le supone a un colibrí el poder alimentarse cada día, ¡y todo por ser tan pequeño!


[1] Es posible que la tasa metabólica de algún insecto volador sea más alta que la de los colibríes.

[2] Reducen la frecuencia cardiaca hasta 1-3 latidos/minuto.

[3] Ver la entrada titulada “El extraordinario corazón de la musaraña etrusca”.

3 Comentarios

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Carlos GorostizaCarlos Gorostiza

En el segundo vídeo me he fijado en que, al ser su forma de libar siempre en vuelo, no parece capaz de aprovechar la posibilidad de posarse, que esta vez sí tenía, y que le hubiese ahorrado mucha energía.

También a nosotros nos suele costar aprovechar ocasiones propicias cuando hacerlo nos obliga a cambiar nuestros hábitos.

Siempre se aprende de uno mismo viendo la naturaleza.

JUAN IGNACIO PEREZ IGLESIASJUAN IGNACIO PEREZ IGLESIAS

En nuestro caso, Carlos, tiene más delito, porque se supone que podemos hacer una evaluación “racional”. En el de los colibríes es comprensible, porque ¿cuántas veces se va a encontrar un colibrí en esa situación tan especial? Lo normal es que deban alimentarse del néctar de flores; las manos humanas no están “programadas” en sus circuitos. Salud.

Adania Guanche MartínezAdania Guanche Martínez

Casi todos los días tengo la oportunidad de observar los zunzuncitos. Andan por muchos lugares, especialmente visitando las flores. No obstante, es difícil a veces percatarse de su presencia, por ser tan pequeños. Me gustan mucho, no solamente por su gracia al volar, sino porque brillan con un esplendor verde intenso, que parecen esmeraldas voladoras.

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