¿Carnívoras o herbívoras?

Al noroeste de la isla de Lastovo, en el mar Adriático, hay dos islotes, Pod Copiste y Pod Mrcaru, y en ellos viven sendas poblaciones de la lagartija italiana Podarcis sicula. Una distancia de 4’5 km separa a los islotes; en Pod Copiste vive la población original, mientras que la población de Pod Mrcaru fue introducida en 1971. Hace cuatro años, -esto es, 37 años después de la separación entre ambas-, se examinaron algunas características de las lagartijas de ambas poblaciones. Y se encontraron interesantes diferencias.

El aparato de alimentación y el sistema digestivo se han diferenciado, y muy probablemente, esas diferencias son la consecuencia de cambios alimenticios. Podarcis es omnívora, pero como en la isla de origen hay abundancia de presas, su alimento es principalmente de origen animal. En la isla colonizada, sin embargo, las presas son más escasas; por ello, por comparación con las de Pod Copiste, las lagartijas de Pod Mrcaru comen más alimento de origen vegetal. Aproximadamente la mitad del alimento de las lagartijas de Pod Mrcaru es de origen vegetal (34% en volumen en primavera y 60% en verano), pero en las de Pod Copiste casi todo el alimento es de origen animal (en primavera solo el 7% es de origen vegetal y el 4% en verano).

Las lagartijas de Pod Mrcaru tienen un cráneo de mayor tamaño que las de Pod Copiste, y hacen más fuerza al morder. Tienen también dientes más anchos. Fragmentan de esa forma el alimento de origen vegetal con mayor facilidad. Tienen también un estómago de mayor tamaño y un intestino más largo, y disponen de más ciegos[1] en este último. El alimento, de esta forma, permanece más tiempo retenido en los ciegos intestinales, que son los enclaves en los que abundan los microorganismos cuya acción facilita la digestión del material vegetal: actúan como verdaderos reactores de fermentación. Como consecuencia de todo ello, el alimento permanece retenido durante más tiempo en el sistema digestivo, alargándose de esa forma el tiempo disponible para la acción de las enzimas digestivas y la microflora simbionte.

En resumen, las lagartijas de Pod Mrcaru tienen piezas dentales más anchas, mandíbulas más fuertes y un sistema digestivo de mayor capacidad que las de Pod Copiste, y como consecuencia de todo ello digieren con mayor eficiencia el alimento de origen vegetal.

Se trata de cambios ciertamente importantes para haber ocurrido en 37 años, lo que da cuenta de una considerable flexibilidad por parte de estos reptiles para poder hacer uso de diferentes recursos alimenticios. Pero, ¿qué tipo de cambios son? ¿son el resultado de un proceso de selección natural o respuestas fisiológicas al cambio de dieta? ¿son reversibles o irreversibles? Para responder a estas preguntas, se mantuvo a un grupo de lagartijas de Pod Mrcaru durante quince semanas en el laboratorio alimentadas con insectos. Y se observó que al cabo de esas quince semanas sí se produjeron algunos cambios. El sistema digestivo se acortó y se redujo también el número de ciegos intestinales. Así pues, en los aspectos digestivos al menos, se comprobó que, efectivamente, se trata de un sistema muy flexible y que las variaciones observadas fueron puramente fisiológicas.

Se sabe desde hace tiempo que importantes características del sistema digestivo pueden variar considerablemente en función del tipo de dieta. En un principio se pensaba que se trataba de características propias de la especie. Después se empezaron a observar diferencias importantes entre individuos de distintas poblaciones de una misma especie. Posteriormente se pensó que las diferencias interpoblacionales eran el resultado de procesos de larga duración. Ahora, sin embargo, sabemos que los cambios en el sistema digestivo pueden ocurrir en plazos de tiempo relativamente cortos. Aquí hemos visto lo que les ocurre a lagartijas mantenidas varias semanas alimentadas con dietas diferentes, pero ya antes, en otro artículo, habíamos visto también la gran transformación que puede experimentar el sistema digestivo de las aves migratorios en tiempos relativamente cortos. Se trata, efectivamente, de una gran flexibilidad, rasgo que, sin duda, es consecuencia de lo costoso que resulta el funcionamiento de ese sistema y de la importancia que reviste el adecuar su capacidad y nivel de actividad a las circunstancias nutricionales de cada momento.

Fuentes:

Herrel A., K. Huyghe, B. Vanhooydonck, T. Backeljau, K. Breugelmans, I. Grbac, R. Van Damme, y D.J. Irschick (2008): “Rapid large scale evolutionary divergence in morphology and performance associated with exploitation of a different dietary resource”. Proc Natl Acad Sci USA 105:4792–4795.

Bart Vervust, Panayiotis Pafilis, Efstratios D. Valakos y Raoul Van Damme (2010): “Anatomical and Physiological Changes Associated with a Recent Dietary Shift in the Lizard Podarcis sicula”. Physiological and Biochemical Zoology 83(4): 632–642.


[1] Los ciegos intestinales son estructuras características de animales herbívoros.

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