Gusanos que comen huesos

La especie nueva Osedax antarcticus. a) Ejemplares vivos en el hueso tal y como e observan tras su recuperación del fondo marino (barra: 1 cm); b) ejemplar completo, con los palpos, el oviducto, el tronco y la raíz (barra: 2 mm); c) detalle de lo palpos en un ejemplar vivo; d) detalle del collar; e) micrografía de un palpo (barra: 250 mm).
La especie nueva Osedax antarcticus. a) Ejemplares vivos en el hueso tal y como se observan tras su recuperación del fondo marino (barra: 1 cm); b) ejemplar completo, con los palpos, el oviducto, el tronco y la raíz (barra: 2 mm); c) detalle de los palpos en un ejemplar vivo; d) detalle del collar; e) micrografía de un palpo (barra: 250 µm).

Durante, al menos, los últimos 30 millones de años no ha habido árboles en la Antártida. No es de esperar, por tanto, que abunden en sus aguas los bivalvos xilófagos -comedores de madera- que son relativamente comunes en otros mares del planeta. En las aguas someras de otros mares, con la excepción del mar Báltico y el mar Negro, los bivalvos xilófagos pertenecen al género Teredo (familia Teredinidae). Y en las zonas de cierta profundidad a las que llegan restos de madera se suelen encontrar especies del género Xylophaga (subfamilia Xylophagainae, familia Pholadidae). Unos y otros penetran en la madera y la utilizan como alimento. No es raro, no, que no abunden en los mares antárticos; aunque es raro que no se hayan encontrado especies de ese grupo en aquellas aguas, porque aunque no hay árboles, lo que sí hay es maderas hundidas. Desde que comenzó la exploración del continente helado y de su entorno, no han sido raros los naufragios en aquellos mares, por lo que ha habido tiempo más que suficiente para que hubiese podido progresar alguna colonia de perforadores de madera.

Lo que sí hay en las aguas que circundan la Antártida son ballenas. De hecho, hay muchas debido a la gran productividad primaria y la abundancia de krill (el crustáceo de pequeño tamaño Euphasia superba) que esa productividad permite. Y al abundar las ballenas, se producen muertes con frecuencia y sus restos acaban en el fondo del mar, a veces a grandes profundidades. Por esa razón no es extraño que en los fondos antárticos haya muchos gusanos del género Osedax.

Osedax antarcticus. Imagen de un microscopio electrónico de barrido de un ejemplar intacto (barra: 500 mm).
Osedax antarcticus. Imagen de microscopía electrónica de barrido de un ejemplar intacto (barra: 500 µm).

Los gusanos de ese género son unos anélidos poliquetos descubiertos hace relativamente poco tiempo en restos de ballenas o, para ser exactos, en sus huesos. Porque se alimentan de huesos y se les llama gusanos comedores de huesos o gusanos zombis. Para poder aprovechar los huesos se sirven de ácidos producidos por bacterias simbiontes que perforan el hueso y transforman el colágeno (del material óseo) y los lípidos y otras proteínas (de la médula, principalmente) en sustancias nutritivas que pueden absorber, porque aunque resulte sorprendente, estos gusanos carecen de boca y sistema digestivo. De hecho, los Osedax tienen un aspecto ciertamente extraño, que recuerda más a una planta que a un animal, ya que la parte del cuerpo que penetra en el hueso y por donde absorbe los nutrientes es similar a las raíces de una planta, mientras que en el otro extremo luce un colorido penacho branquial, que es por donde realiza el intercambio de gases respiratorios.

Un equipo internacional en el que han participado investigadores de la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona y del Centro Oceanográfico de Gijón (IEO) ha identificado dos especies nuevas del género Osedax (O. antarcticus y O. deceptionensis) en el marco de un proyecto de investigación realizado en aguas antárticas.

Destino de la madera en el fondo marino. a) Placa de pino recuperada tras 14 meses en el fondo; b) detalle de la misma placa donde se pueden ver pequeños hidrozoos adheridos a la madera; c) madera de abeto infestada de Xylophaga tras seis meses en el fondo de la Bahía de Santa Catalina (California, EEUU) a 1244 m de profundidad; d) detalle de las perforaciones de Xylophaga.
Destino de la madera en el fondo marino. a) Placa de pino recuperada tras 14 meses en el fondo; b) detalle de la misma placa donde se pueden ver pequeños hidrozoos adheridos a la madera; c) madera de abeto infestada de Xylophaga tras seis meses en el fondo de la Bahía de Santa Catalina (California, EEUU) a 1244 m de profundidad; d) detalle de las perforaciones de Xylophaga.

Además, han realizado experimentos in situ, que han puesto de manifiesto la facilidad con la que huesos de ballena, tras 14 meses a una profundidad de unos 600 m, eran colonizados por miles de ejemplares de Osedax antarcticus. En palabras de los investigadores, lo huesos aparecieron cubiertos por una gruesa “piel” de color rosa. Y en un único hueso de costilla llegaron a registrar 202 especímenes por cm2. Pero del mismo modo que los gusanos colonizaron rápidamente los huesos de ballena, no ocurrió lo mismo con placas de madera que también sumergieron a esas profundidades. No observaron ningún ejemplar de Xylophaga, por lo que parece lógico pensar que cerca de la zona no había ninguna población que pudiera proporcionar la larvas que hubiesen podido colonizar las placas.

Un resultado aislado y limitado a una zona concreta no permite extraer conclusiones de carácter general, pero lo cierto es que, como antes he señalado, no se han encontrado bivalvos xilófagos en aguas antárticas. El lugar más meridional en que se han registrado está cerca de las Malvinas, en un pecio naufragado a 1.600 m de profundidad a 52º S. La limitación para que esas especies se distribuyan más al sur no parece ser la temperatura, ya que hay poblaciones de Xylophaga a 72º N, y más bien parece que es el obstáculo que oponen las corrientes oceánicas (Corriente Atlántica Circumpolar y Convergencia Antártica) a la dispersión de las larvas de sus especies, el factor que limita su extensión hacia aguas más meridionales.

Osedax antarcticus. Micrografía de un macho fijado (barra: 100 mm).
Osedax antarcticus. Micrografía de un macho fijado (barra: 100 µm).

La ausencia de bivalvos xilófagos de las aguas antárticas parecen ser la excepción a una cierta coincidencia de carácter general de aquéllos con los gusanos del género Osedax. Aunque entre gusanos y bivalvos hay una distancia filogenética considerable, estos géneros presentan similitudes ecológicas notables. Ambos están especializados en la biodegradación de materiales duros de muy difícil aprovechamiento. Ambos suelen formar “islas” temporal y espacialmente efímeras sobre el fondo del mar en las que aprovechan recursos muy limitados hasta que se agotan. Ambos utilizan bacterias endosimbiontes para alimentarse o perforar en sus sustratos respectivos. Tanto Osedax como Xylophaga pueden presentar un enanismo masculino muy pronunciado, lo que constituye una adaptación a la vida en un entorno en el que, de otra forma, podría ser muy baja la probabilidad de que se produjeran encuentros entre gametos masculinos y femeninos que permitieran las fecundaciones necesarias para dar lugar a nuevos embriones. Y a ambos se les supone una extraordinaria capacidad para que sus larvas se dispersen, porque cada cierto tiempo, y con gran frecuencia, los recursos que se utilizan como alimento se agotan y la continuidad de la poblaciones solo se puede producir si son capaces de encontrar nuevos recursos.

Fuente: A G Glover, H Wiklund, S Taboada, C Avila, J Cristobo, C R Smith, K M Kemp, A J Jamieson y T G Dahlgren (2013): Bone-eating worms from the Antarctic: the contrasting fate of whale and wood remains on the Southern Ocean seafloor. Proc R Soc B 280: 20131390.


2 Comentarios

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astrolfoastrolfo

Si no me equivoco (si es así, corregidme), según las fotografías que mostráis, esos bichos son unos gigantes: de unos 5 metros el primer ejemplar, y de unos dos metros el segundo. Me parece que se han ido un poco las unidades en las barras. Si no es así, no querría encontrarme con uno de éstos 😉

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