Las aves más listas se estresan menos

Wikimedia Commons
Cuervo americano (Wikimedia Commons)

Al parecer, cuanto mayor es la capacidad cognitiva de un ave, menor es el nivel de estrés fisiológico que se ve obligado a soportar. Y por otro lado, es posible que este mismo fenómeno sea extensible a especies de otros grupos animales. Veamos la cuestión con algún detalle, empezando por explicar en qué consiste la denominada respuesta de estrés.

Cuando un vertebrado –y seguramente también animales pertenecientes a otros muchos grupos- se enfrenta a una situación de peligro se produce una reacción denominada respuesta de estrés. El organismo adopta una serie de medidas que, básicamente, le preparan para desarrollar una intensa actividad física. Se abren más los pulmones, se acelera el ritmo cardiaco, aumenta el flujo de sangre, se abren más capilares sanguíneos, se libera glucosa desde los depósitos de glucógeno, aumenta la disponibilidad de ácidos grasos como sustrato energético, y se eleva el metabolismo. También se suprime la actividad del sistema inmune y la del digestivo. Y se dilatan las pupilas, pero se pierde la visión periférica. Es una respuesta que ha sido denominada, por razones evidentes, “de lucha o huida”.

En la respuesta de estrés intervienen el sistema nervioso autónomo, que es el que no está sometido a control voluntario, y dos tipos de hormonas: el cortisol, por un lado, y la adrenalina y noradrenalina, por el otro. El cortisol interviene elevando la presión sanguínea, aumentando la concentración de glucosa en sangre y suprimiendo la actividad del sistema inmune. El nivel de cortisol en sangre es, de hecho, indicador de situaciones de estrés.

El problema de la respuesta de “lucha o huida” es que si las condiciones de estrés se prolongan, aunque sea en niveles no demasiado intensos, lo que era una respuesta aguda pasa a convertirse en una situación crónica, y de esa situación se derivan problemas de diferente tipo. En términos generales, los estados de estrés crónicos reducen el grado de “adecuación” (fitness), puesto que los efectos que producen no son sostenibles a largo plazo sin que se deriven daños fisiológicos o de otro tipo; por ello, conllevan costes de supervivencia y de reproducción. Yendo al detalle, repárese, sin ir más lejos, en la reducción de la actividad del sistema inmune que provoca el cortisol, con el consiguiente perjuicio potencial para la salud.

En principio, desde un punto de vista teórico cabe suponer que si un animal cuenta con mecanismos o herramientas -distintas de las implicadas en la respuesta de estrés- que le permitan hacer frente a situaciones de peligro, podría mitigar esa respuesta y, en términos generales, mantener en niveles reducidos los niveles de las hormonas implicadas en ella. De esa forma evitaría que se produjera una situación de estrés crónico o, al menos, mitigaría sus efectos. Pues bien, la capacidad cognitiva puede perfectamente ser una de esas herramientas. Parece lógico que más inteligencia, o mejores habilidades cognitivas, aumenten la capacidad para encontrar soluciones a los problemas con los que se encuentran los animales. Y las situaciones de peligro son algunos de esos posibles problemas. Por esa razón, un grupo de investigadores ha planteado la hipótesis de que, dentro de un mismo grupo animal, las especies con mayor capacidad cognitiva sean las que experimentan estados de estrés menos intensos. Y han sometido a contraste empírico esa hipótesis. Para ello, han analizado datos correspondientes a un conjunto de 119 especies de aves de procedencia tropical y templada, para las que había en la literatura científica la información necesaria. Contaban con la información relativa a los niveles basal y máximo de cortisol, y diferenciada para diferentes estados del ciclo de vida de las aves. Conviene advertir de que en la respuesta de estrés intervienen otras muchas moléculas reguladoras o receptoras y que no toda la variación entre especies tiene por qué quedar recogida en los niveles de cortisol, aunque en general, se considera un indicador suficientemente adecuado y fácil de medir. Como indicador de la capacidad cognitiva utilizaron el tamaño encefálico de las aves, una vez corregido el conocido efecto del tamaño corporal sobre esa magnitud. Aunque pueda considerarse discutible que el tamaño encefálico sea un indicador adecuado de la capacidad cognitiva, al parecer hay suficiente consenso científico al respecto, ya que se ha documentado, mediante estudios experimentales y comparativos, que los encéfalos de mayor tamaño se asocian con una mayor facilidad para aprender y un mejor desempeño al afrontar situaciones nuevas o entornos alterados.

Petirrojo europeo (Wikimedia Commons)
Petirrojo europeo (Wikimedia Commons)

El análisis de los datos corroboró la hipótesis de partida. Con carácter general, los niveles de cortisol son inferiores en las aves con los encéfalos de mayor tamaño. No obstante, el efecto no es idéntico en las diferentes etapas del ciclo de vida, y son claramente diferentes los de los niveles basales y los de los niveles máximos. En lo relativo a los niveles basales de la hormona, su relación (negativa) con el tamaño encefálico es, en general, muy poco acusada, y prácticamente inexistente en el periodo de cría y, si es el caso, durante la migración. Los niveles máximos, sin embargo, sí varían de forma acusada con el tamaño encefálico, con la excepción, quizás, del periodo de cría.

El hecho de que la relación entre el nivel de cortisol y el tamaño encefálico sea especialmente acusada cuando se trata de los niveles máximos de cortisol, indicaría que las aves de encéfalos de mayor tamaño han desarrollado mecanismos compensatorios que les permiten minimizar el uso de la respuesta endocrina y evitar de ese modo los daños que puede producir una situación fisiológica de estrés prolongado.

Es sugerente la idea de que las capacidades cognitivas pueden ser buenas herramientas que ayuden a hacer frente a situaciones potencialmente peligrosas sin tener que recurrir de forma sistemáticamente a la activación de la respuesta de lucha o huida, con las contrapartidas que ésta tiene. Al fin y al cabo, todas las especies animales han de afrontar, en un momento u otro y de una forma u otra, condiciones que suponen algún tipo de amenaza. Si las especies en cuestión no disponen de mecanismos que generan un comportamiento flexible, la respuesta de estrés es, quizás, el único modo en que pueden hacer frente a la amenaza, sea ésta del tipo que sea; pero esa respuesta tiene las contrapartidas que hemos visto. Si, por el contrario, disponen de mecanismos capaces de modular respuestas flexibles, gobernadas por el sistema nervioso central, pueden evadir los efectos negativos que se derivan de la respuesta de estrés.

Referencia: Á Z Lendvai, V Bókony, F Angelier, O Chastel y D Sol (2013): “Do smart birds stress less? An interspecific relationship between brain size and corticosterone levels.” Proc R Soc B 280: 20131734.


1 Comentario

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EnriqueEnrique

Hola, muchas gracias, su artículo es muy interesante, solo quería comentar si alguien de los lectores de naukas o el mismo autor de este artículo sabe de lectura científica acerca de los Agapornis, dado que lo único que he encontrado en internet de éstas aves es información de sus cuidados como mascotas. Agradezco de antemano su atención, Gracias.

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