La hazaña de la reinita estriada

Imagen: Cephas (Wikipedia)
Imagen: Cephas (Wikipedia)

Muchas aves que se reproducen en una zona, viajan a otra más favorable a pasar el invierno. En las altas latitudes hay abundancia de alimento durante la primavera y el verano y, además, la temperatura ambiental es suave. Durante el invierno y los meses próximos, sin embargo, las condiciones son muy difíciles. Hay menos comida o no la hay en absoluto y simplemente sobrevivir resulta verdaderamente difícil bajo temperaturas frías extremas.

Las condiciones de las altas latitudes resultan especialmente difíciles para las aves pequeñas. Los pájaros pierden, por unidad de masa, más calor que las aves más grandes, por lo que necesitan más alimento para compensar la mayor pérdida de calor relativa. Por ello, no es sorprendente que las aves, y sobre todo los pájaros, de altas latitudes tengan hábitos migratorios.

Pero migrar también es muy duro. El investigador norteamericano Scott McWilliams ha realizado investigaciones muy interesantes sobre los pájaros migrantes y aquí presentaré algunos de los resultados cosechados en dichas investigaciones[1].

Las aves almacenan grasas y proteínas para preparar la migración. Antes de viajar comen más y seleccionan, además, alimentos ricos en grasa y proteína. En los días previos a comenzar el viaje, pueden llegar a comer hasta cuatro veces más, para lo que incrementan de modo significativo la capacidad de su sistema digestivo. De no incrementar mucho su capacidad digestiva, no podrían hacer frente a la mayor ingesta de alimento. El proceso que da lugar al aumento de la capacidad digestiva lo desencadena una señal ambiental, el fotoperiodo. De hecho, en aves mantenidas en cautividad bajo condiciones experimentales, se ha podido comprobar que es el cambio en las horas de luz el factor que desencadena el aumento en la capacidad digestiva y en la tasa de ingestión del alimento. Los cambios hormonales que ocurren en respuesta al cambio estacional en la duración del periodo de luz diurna son los responsables del aumento en la ingestión, del engorde y, también, de la predisposición a volar de noche.

Una vez almacenadas las grasas y las proteínas que necesitarán, comienzan el viaje que les llevará desde las zonas de reproducción y cría hasta las zonas donde invernarán. La mayor parte de los pájaros migratorios de la zona templada alternan periodos de vuelo con periodos de descanso durante el viaje. Por ello, tienen la posibilidad de restablecer los depósitos de energía durante los periodos en que no vuelan. Ahora bien, en ocasiones se ven a obligados a modificar y hacer más flexible su régimen alimenticio. De hecho, muchos pájaros insectívoros consumen fruta durante los periodos de descanso, puesto que en las zonas donde escasean los insectos pueden satisfacer con más rapidez y facilidad sus necesidades recurriendo a la fruta como alimento.

El pájaro migrante que se conoce en Latinoamérica con el nombre de “reinita rayada” o “chipe gorranegra” y cuyo nombre científico es Setophaga striata es digno de mención. Es pequeño. Tiene una longitud de 14 cm y una masa de 12 g. Se desplaza desde Norteamérica a Centroamérica y norte de Sudamérica, y una parte considerable del viaje lo realiza sobrevolando el Océano Atlántico. En promedio, viene a recorrer unos 3.000 km sobrevolando el mar, lo que supone que debe realizar desplazamientos ininterrumpidos de casi 90 h. Una verdadera hazaña.

Se trata, por lo tanto, de un viaje de gran nivel de exigencia y por ello, las características fisiológicas que le permiten hacer frente a esa exigencia son también bastante especiales. Por un lado, antes de iniciar el viaje llega a duplicar su masa corporal almacenando lípidos y proteínas, y lo puede llegar a hacer en tan solo una semana. Y por otro lado, en el momento en que empieza a volar se inicia un proceso de atrofiamiento de su sistema digestivo. El aparato digestivo es una estructura muy activa, por lo que su metabolismo es muy alto, y ello supone que se necesita un considerable aporte de energía para mantenerlo. Por esa razón, a la reinita rayada le resulta ventajoso ahorrarse esa energía, pues el total que supondría mantenerlo activo durante 90 inútiles horas resulta un gasto excesivo. Esa es la razón por la que se atrofia, porque la energía que se ahorra de esa forma la puede dedicar a mantenerse en vuelo durante periodos tan largos de tiempo.

Ese comportamiento sólo tiene una pega. No puede reiniciar la actividad alimenticia de manera inmediata tras finalizar el vuelo, puesto que el sistema digestivo requiere entre uno y dos días para regenerarse y poder digerir y absorber alimento de nuevo. No obstante, Dendroica obtiene un rendimiento evidente de esa forma de proceder, pues una vez finalizada la migración dispone de tiempo de sobra para recuperar lo perdido.

Es verdaderamente impresionante la flexibilidad del sistema digestivo de un ave tan pequeña: antes de migrar eleva de forma significativa su capacidad física y funcional; al empezar a volar lo atrofia para no gastar recursos inútilmente; y una vez finalizado el viaje, restablece su funcionalidad en unas cuantas horas.

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[1] En el sitio que tiene en la web de la Universidad de Rhode Island da cuenta de las investigaciones que se relatan aquí: http://www.gso.uri.edu/maritimes/Text_Only/00Summer/text/birds.html


2 Comentarios

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danieldaniel

Muy interesante. La verdad es que la evolución y sus adaptaciones no dejan de sorprendernos. Son cosas que no se imaginan hasta que se descubren.
Me temo que el primer enlace está roto, supongo que ahi se explicaba en qué consiste ese atrofiamiento del aparato digestivo. ¿En qué consiste exactamente?

Juan Ignacio Pérez

Hola
Gracias por tu comentario y perdona el retraso en la respuesta. La atrofia consiste en una reducción del estómago y del intestino y en una notoria pérdida de funcionalidad. Sencillamente desaparecen parte de esos tejidos se “reabsorben”. Por eso necesitan un par de días o así cuando recuperan la alimentación para tener un sistema funcional en condiciones.

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