Jadeos perrunos

perro

En ocasiones, los perros jadean como si les fuese la vida en ello. Y lo cierto es que les va. Porque de ello depende que puedan refrigerarse cuando tienen un exceso de calor. Al jadear hacen que una corriente de aire pase muy rápidamente por encima de sus superficies respiratorias y, de esa forma, facilitan considerablemente la evaporación de parte del líquido que recubre esas superficies de forma permanente. Como es sabido, al evaporarse, el agua absorbe calor, lo que permite enfriar la sangre de los vasos que circulan por debajo y, tras su movimiento al resto del cuerpo, el organismo en su conjunto también se refrigera.

Y es que los canes carecen de glándulas sudoríparas ecrinas y no sudan. Pero como hemos visto, eso no quiere decir que no recurran a la evaporación como vía para perder calor. Recurren, pero en vez de hacer que se evapore agua (en forma de sudor) de toda o buena parte de la superficie corporal, restringen ese proceso a las cavidades y tubos que configuran el sistema respiratorio: boca (con la lengua), fosas nasales, traquea y bronquios. Merece la pena detenerse en algunos aspectos de este fenómeno.

El primer aspecto que merece la pena comentar se refiere, precisamente, al jadeo en sí. Cuando jadea uno de nosotros es porque necesita tomar con urgencia oxígeno y eliminar dióxido de carbono; normalmente jadeamos en respuesta a un sobreesfuerzo. Pero los perros no jadean para respirar. Al jadear toman aire por la nariz y lo expulsan por la boca; nosotros, cuando jadeamos, tomamos el aire por la boca y lo volvemos a expulsar por la boca. En nuestro caso, por lo tanto, el movimiento es bidireccional; en el caso de los perros, sin embargo es principalmente unidireccional. Esa diferencia obedece al hecho de que si el movimiento de aire sobre las superficies respiratorias fuese bidireccional, el calor perdido en el movimiento de inspiración se recuperaría en parte con el de expiración.

El segundo aspecto reseñable del movimiento que provoca el jadeo es su frecuencia. El movimiento es rápido, o mejor dicho, rapidísimo. De hecho, si ese movimiento fuese provocado por las contracciones repetidas de los músculos de la caja respiratoria, esa actividad muscular sería tan intensa que produciría más calor que el que se consigue disipar evaporando el líquido que impregna las superficies respiratorias. Pero, como es lógico, no es así, no hay esa producción de calor muscular. Lo que ocurre es que los músculos intercostales cuya contracción provoca la actividad de jadeo sólo se contraen activamente al inicio de la secuencia; a partir de ese momento la cavidad torácica se contrae y se expande rítmicamente sin que apenas sea necesario trabajo muscular adicional. Y eso, por sorprendente que parezca, ocurre porque la frecuencia de jadeo es la frecuencia de resonancia de la cavidad torácica. Debido a ello, los perros, como muchos otros animales sólo jadean con una frecuencia determinada, la de resonancia de su caja torácica. Cualquier otra exigiría un trabajo muscular demasiado alto y produciría, por ello, excesivo calor.

Veamos un situación posible. Tras una carrera, por ejemplo, para mantener constante su temperatura corporal, un perro debe disipar el calor que ha producido su musculatura esquelética. Bajo esas condiciones jadeará a una frecuencia aproximadamente constante de entre 300 y 400 movimientos por minuto. Conforme vaya disipando el exceso de calor acumulado, su necesidad termorregulatoria disminuye. Pues bien, no irá reduciendo su frecuencia de jadeo progresivamente, sino que empezará a intercalar periodos de respiraciones cuyos movimientos se producen con una frecuencia muy inferior, de entre 30 y 40 movimientos por minuto. Cualquiera que observe jadear a un perro se percatará de ello. Así pues, no hay reducción progresiva de la frecuencia, sino cambios abruptos, de manera que conforme va teniendo menos necesidad de disipar calor los periodos de respiración con menor frecuencia van siendo cada vez más prolongados. El movimiento de menor frecuencia es eminentemente respiratorio, mientras que el de mayor frecuencia, sin dejar de ser también respiratorio, tiene por objeto regular la temperatura corporal.

Y el tercer aspecto a comentar se refiere al origen del agua que se evapora en las superficies respiratorias. En los seres humanos, es el sudor el líquido que se evapora en la piel y como sabemos, proviene de las glándulas sudoríparas ecrinas. En el caso de los perros, sin embargo, una parte importante del líquido proviene de una glándula nasal. Se tiene conocimiento de la existencia de esa glándula desde el siglo XVII, pero antes se pensaba que su función era la de mantener húmeda la nariz. Sin embargo, parece que además de esa función también surte de agua a los epitelios de las vías nasales internas. Y gracias a ella se mantiene la nariz perruna húmeda y fresca. De alguna forma, la función de esa glándula es equivalente a la que cumplen las glándulas sudoríparas de los animales que sudamos.

Hace tiempo alguien me dijo que un perro sano tiene la nariz fresca y húmeda, pero que uno con fiebre la tiene templada y seca. Yo no lo sé, no recuerdo cómo tiene la nariz un perro febril, pero tiene lógica. Y es que al elevarse la temperatura corporal del perro, se evaporará mucha más agua de la normal, con lo que es muy posible que la glándula nasal no alcance a cubrir toda la demanda de agua que hace falta para mantenerla húmeda y fresca.

2 Comentarios

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EsteveEsteve

Muy buen artículo, siempre me había preguntado sobre los jadeos del perro! Una pregunta, durante el jadeo hay intercambio gaseoso en los pulmones? El movimiento torácico se parece a la ventilación oscilatoria que se usa para ventilar grandes prematuros con inmadurez pulmonar, quizás los perros son capaces de hacer algo parecido!

Juan Ignacio Pérez

Hola. Tengo entendido que el jadeo supone un obstáculo para el intercambio gaseoso y que esa puede ser una de las razones por la que se ha seleccionado la sudoración (con evaporación) como mecanismo termorregulatorio en ciertas especies. Pero no lo puedo afirmar con toda seguridad.

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