La serpiente travestida

En el subcontinente norteamericano viven unas culebras del género Thamnophis conocidas por su extraño comportamiento reproductor. Se trata de Thamnophis sirtalis y quizás otras especies del mismo género. En las zonas más septentrionales, estas serpientes hibernan durante varios meses de otoño e invierno. Los primeros en salir de la madriguera son los machos, quienes esperan pacientemente a que despierten las hembras de su letargo. Se da la circunstancia de que hay bastantes más machos que hembras, y además, las hembras van saliendo de una en una y cada cierto tiempo.

Por esa razón, al salir la hembra de la cavidad en la que ha hibernado la rodean varios machos, unos diez o doce, aunque pueden llegar a ser hasta veinticinco. En esta fase es importante la comunicación mediante feromonas entre las culebras. Las feromonas son muy diferentes en machos y en hembras, y la hembra, dependiendo de las señales que reciba a través de ellas, elige a un macho o a otro para la cópula. A partir del momento en que se produce el emparejamiento, los machos que no han tenido éxito pierden todo el interés por esa hembra. Ésta, una vez fecundada se dirige a la zona de cría, donde dará a luz a un número de culebritas –las especies de Thamnophis son ovovivíparas- que va de una a varias decenas (el número más elevado de jóvenes serpientes de una camada que se ha observado jamás es de 98). Los machos, por su parte, se disponen a esperar a la siguiente hembra.

En algunas especies o subespecies, los machos llegan a formar lo que se denominan “pelotas de apareamiento” (mating balls) en torno a la hembra (ver el vídeo). En ese –para la hembra- agobiante frenesí reproductor uno de los machos consigue fecundarla (no sé muy bien si bajo esas circunstancias las feromonas juegan algún papel o no) y ocurre lo antes dicho: los machos que se encontraban en medio de la melé erótica se desperdigan inmediatamente porque ya no tienen nada que hacer, para esperar a la siguiente. Las feromonas ahí sí juegan un papel.

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Este comportamiento tiene quizás su razón de ser en dos elementos. El primero es que este sistema reproductor obliga a muchos machos a competir por cada hembra, con lo que ésta tiene una capacidad enorme para elegir. Muy probablemente se produzca de esa forma un proceso de selección sexual, en el que las características de las feromonas –las claves “olfativas” que contengan- son de gran importancia como indicadores de la aptitud biológica de los machos. Y el segundo es que en las zonas frías las hembras tienen un tiempo limitado para desarrollar en su interior los embriones y traerlos al mundo a tiempo de que puedan adquirir la fortaleza necesaria para afrontar la hibernación con garantías de éxito. Y seguramente por eso los machos salen antes: no han de hacer esperar a las hembras, porque para ellas y para su progenie, el tiempo es oro. De esa forma todas las hembras son fecundadas, no a la vez, pero sí en el momento en que emergen del letargo invernal. De otra forma, si la fecundación no se produce con toda seguridad en el mismo momento en que reinician la vida “normal”, podría ocurrir que la siguiente hibernación llegase demasiado pronto para la madre o, también, para la prole.

Pero tiene Thamnophis sirtalis una peculiaridad reproductiva que la hace muy especial. Y es que algunos machos tienen la facultad de producir feromonas femeninas, y utilizan esa facultad para tomar ventaja en la pelea por fecundar a las hembras. Estas serpientes macho, a las que algunos especialistas denominan serpientes “travestidas”, producen feromonas femeninas cuando se encuentran con otros machos esperando a que salga la hembra. Al liberar esas feromonas, los demás machos interpretan que el travestido es una hembra y tratan de fecundarla. Éste, sin embargo, huye y se aleja rápidamente de la boca de la hura. Llega un momento en que el travestido deja de producir feromonas femeninas y empieza a liberar feromonas masculinas, generando entre los perseguidores el lógico desconcierto. Aquél aprovecha el monumental despiste de sus competidores para darse la vuelta y dirigirse rápidamente a la salida de la cavidad, y en bastantes ocasiones se encuentra con una hembra que acaba de salir. Él es el que la fecunda. No ha de sorprender, por tanto, que los travestidos sean los machos que, en promedio, tienen un mayor número de descendientes.


7 Comentarios

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Miguel EspinosaMiguel Espinosa

Evolución en tiempo real. ¿Llegará un momento en que todos los machos de esa especie sean travestidos?

Juan Ignacio Pérez

No lo sé. Supongo que el rasgo en cuestión es heredable, por lo que podría ser así, sí. Pero hace falta saber si no ese rasgo no se ve compensado por algún otro factor. En ese caso, no es posible saberlo.

JaviG

Si todos los machos adquirieran ese rasgo, dejaría de ser una ventaja. Posiblemente al llegar al equilibrio o antes, no sería especialmente ventajoso ser “travestido” y si no hay ventaja, no se podrá llegar a “ese momento mágico en el que todos los machos sean travestis” :)
Que conste que hablo desde el desconocimiento y a lo mejor estoy diciendo una tontería, pero a bote pronto me parece que podría ser así la cosa. Me ha hecho gracia y ciertamente me parece fascinante este tema.

LemurLemur

Qué gran entrada Juan Ignacio, siempre es un placer leerte.
Recuerdo un documental que ví hace tiempo en el que se hablaba de este comportamiento, no se si de esta especie en concreto. El caso es que en aquel documental se daba una explicación algo diferente, y era qué estos machos ‘travestidos’, nada más salir al sol, todavía fríos, liberaban las feromonas femeninas para que los demás machos se les ‘restregasen’, de esta forma se calentaban rápidamente y podían entrar activamente en la batalla por la hembra sin esperar tanto tiempo a calentarse con el sol. En este documental (me gustaría citarlo, pero es que no lo recuerdo) no se hablaba de que el macho lo usase como distracción si no como forma de calentarse más rápidamente, aunque ciertamente seguramente consiga las dos cosas.
Un saludo

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