Hermosas sanguijuelas

Hirudo medicinalis (Imagen: Karl Ragnar  Gjertsen; Wikipedia)
Hirudo medicinalis (Imagen: Karl Ragnar Gjertsen; Wikipedia)

Las sanguijuelas, -muchas especies al menos-, se alimentan de sangre; o sea, son hematófagas ectoparásitas. Los mosquitos que nos pican en verano también lo son. Y las chinches besuconas. De estas últimas ya conté hace tiempo que se habían empezado a utilizar en algunos zoológicos europeos para realizar extracciones de sangre no traumáticas a algunos de los animales mantenidos en ellos. Pero como es de sobra conocido, las sanguijuelas también se usan con similar propósito, pero con seres humanos. Las sanguijuelas se han utilizado mucho y aún se siguen utilizando hoy en día para practicar sangrías. No todas las sanguijuelas se alimentan de sangre. Algunas son carnívoras, unas del tipo “sit and wait” y otras cazadoras más normales, pero la mayoría se alimentan de sangre.

La sanguijuela más conocida en Europa es Hirudo medicinalis; se utiliza desde hace siglos para practicar sangrías. Se empezaron a usar en Egipto con ese propósito hace 2.500 años y luego la práctica la adoptaron los griegos y desde entonces, su uso ha sido bastante común. Como método terapéutico la práctica de sangrías carecía de un fundamento científico correcto, pues se basaba en la teoría de los cuatro humores de Hipócrates. Por ello, tras el siglo XIX cada vez se han venido utilizando menos con ese propósito.

Sin embargo, en las dos últimas décadas se ha recuperado la práctica de la sangría con sanguijuelas, aunque con un propósito muy diferente al anterior. Al parecer, las sanguijuelas son de gran ayuda en algunas variedades de microcirugía. Hirudo, cuando muerde al huesped utiliza dos sustancias distintas para facilitar la operación; una es un analgésico y la otra un anticoagulante. Gracias al analgésico, el huésped no se percata del mordisco y no toma medidas para expulsar al parásito. Y gracias al anticoagulante, al que han dado el nombre de “hirudina”, la sangre es ingerida con mayor facilidad por la sanguijuela.

Es el anticoagulante el producto por el que las sanguijuelas resultan de utilidad en microcirugía. La sangujuela se utiliza para facilitar el drenaje de sangre que queda acumulada en ciertos tejidos tras una intervención. Una vez la sanguijuela ha practicado la incisión y ha ingerido la sangre que ha podido, se desprende de la piel y deja una pequeña herida de la que sale sangre. La sangre sale porque el efecto de la “hirudina” persiste, la acción anticoagulante no cesa cuando se desprende la sanguijuela, sino que sigue surtiendo efectos después de liberarse del tejido, por lo que al impedir que la sangre se coagule, ésta no deja de fluir de forma lenta pero constante. Por esa razón interesa a los cirujanos. Resulta que tras ciertas intervenciones quirúrgicas tiende a acumularse sangre venosa en la zona próxima a la intervención, y eso puede dañar el tejido y provocar su necrosis; por ello, el concurso de las sanguijuelas resulta de gran ayuda, ya que su acción impide que se produzca esa acumulación de sangre. Normalmente se utilizan en operaciones de uñas, dedos y orejas, y también en algunas intervenciones de cirugía estética. El problema es que en ocasiones pueden provocar infecciones e incluso, reacciones alérgicas, por lo que están tratando de sustituir las sanguijuelas por una especie de “sanguijuelas artificiales” provistas del anticoagulante “heparina”.

También hemos tenido noticia de un uso bastante atípico de las sanguijuelas. El 19 de octubre de 2009 el periódico canadiense “The Ottawa Citizen” informó de que se había conseguido identificar al autor de un robo gracias a la sangre contenida en una sanguijuela, y más en concreto, al ADN de esa sangre. El robo se cometió en Tasmania, Australia, en 2001. Dos individuos robaron 500$ a una señora de 71 años que se encontraba en su casa de campo. Resulta que al examinar los alrededores de la casa donde se produjo el robo, la policía encontró una sanguijuela, a la que extrajeron la sangre para ser analizada. Siete años después, la policía detuvo a un sujeto presuntamente implicado en un delito de tráfico de estupefacientes y a éste también le hicieron una análisis de ADN, con tan mala suerte para él que su ADN resultó ser el mismo que el que habían identificado en la sangre extraída de la sanguijuela. ¿Qué pensaría el ladrón? ¿Se percató el día del robo de que le había mordido una sanguijuela? Si lo hubiésemos visto en un episodio de CSI hubiésemos pensado que estas cosas solo ocurren en el cine o la televisión.

Y otra utilidad extraña de las sanguijuelas es la que le daba mi abuelo materno. Las utilizaba, con limitado éxito, para deshinchar las manos después de los partidos dominicales de pelota. Tras el partido, para rebajar la hinchazón, colocaba una sanguijuela en la mano, para que le chupase la sangre y la mano recuperase su volumen normal. Bien pensado, lo que hacía mi abuelo era lo mismo que lo que hacen los cirujanos ahora para retirar la sangre venosa de los tejidos operados.

Por su parte, mi tía abuela, cuñada del abuelo, guardaba unas cuantas sanguijuelas en un tarro de cristal que tenía en un aparador en la entrada de su casa. Eran Hirudo medicinalis y eran muy hermosas. Eso decía la tía abuela y eso pienso yo también. Eran marrones verdosas, con una línea roja en el dorso. Permanecían en ayunas durante meses, dentro del tarro, porque nunca las sacaba de allí. En algún lugar he leído que aguantan hasta un año sin comer, pero la tía abuela decía que las suyas llevaban dos años en aquel tarro, desde que los nietos, dos primaveras atrás, se las llevaron de la rivera.

Las sanguijuelas pueden estar muchísimo tiempo sin comer, porque su fisiología está perfectamente adaptada para ello. Una sanguijuela llega a extraer de su huesped un volumen de sangre que es hasta diez veces el suyo propio. Es una ración que permite un ayuno posterior muy prolongado y además, en caso de necesidad reabsorbe sus propios tejidos. Es lógico que las sanguijuelas sean capaces de ello, porque puede transcurrir muchísimo tiempo desde que abandonan un huesped hasta que consiguen acceder a otro. Al fin y al cabo, no hay forma de saber cuándo pasará por una determinada masa de agua el próximo caballo, la próxima vaca o el mismísimo Humphrey Bogart[1], por ejemplo, pero puede pasar mucho, muchísimo tiempo.


[1] Seguramente muchos jóvenes no han visto, o no recuerden, la película protagonizada por Humphry Bogart y Katharine Hepburn “La reina de África”, una comedia ambientada en África, en la que el protagonista (Bogart) ha de meterse en el río para ayudar a impulsar la embarcación (La reina de África) en la que viajan ambos por un río. Al salir del agua, Bogart aparece lleno de sanguijuelas por todo el torso.

3 Comentarios

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yaviyavi

Me encantan tus artículos Juan Ignacio. Siempre acabo profundizando en ellos y descubriendo maravillas del mundo animal.

xareuxareu

Totalmente de acuerdo, siempre interesante. Y eso que yo entraba en la web de Naukas más por temas de física

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