Los cebúes del Kilimanjaro

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El ganado indicino de África Oriental muestra variantes de color según las zonas. Esa variedad cromática suscitó hace ya bastantes años la curiosidad de los primeros antropólogos en interesarse por los pueblos que habitan aquellos parajes. Pensaron que se debía a elecciones arbitrarias de los pastores. El principal grupo humano de esa zona cuya actividad principal -casi exclusiva- es la ganadería (o al menos así era hace tres décadas) es el de los masai. Ocuparon la cuenca del Amboseli -al pie septentrional del monte Kilimanjaro- a comienzos del siglo XIX, provenientes del norte. Por esa razón, conocen muy bien la ecología del lugar y las necesidades de los animales que pastoreaban. Y era posible que la elección del color no fuera caprichosa sino que obedeciera a algún criterio. Partiendo de esa consideración, Virginia Finch y David Western sometieron la cuestión del color del ganado a escrutinio.

El análisis de la distribución geográfica de rebaños de ganado de diferentes colores reveló que había una mayor proporción de ganado claro en zonas bajas. Lo que hicieron los dos científicos fue comparar, bajo condiciones experimentales, cebúes de diferente color a 1.400 m de altitud. Observaron que el ganado oscuro absorbe más radiación solar que el claro, bebe más agua, pierde menos peso durante una sequía y lo gana más rápidamente tras ella. En el curso de la investigación observaron que en una zona adyacente al lugar en que trabajaban y a la misma altura, murieron más cebúes de color claro que de color oscuro durante la sequía, mientras que a menor altitud murieron más de color oscuro que de color claro.

Los ejemplares de color claro eran más frecuentes en las zonas bajas, porque en esas zonas hace más calor y la piel clara absorbe menos radiación que la oscura. Por ello, en las zonas bajas, más secas y cálidas, los animales oscuros debían beber agua cada menos tiempo y en consecuencia, la distancia a la que podían ser llevados para pastar era mucho menor que la que podían recorrer los de color claro. Por el contrario, los cebúes de piel clara tenían problemas en las zonas más altas, porque cuando, por efecto de una sequía, disminuía la cantidad de alimento, perdían peso más rápidamente (y lo ganaban más lentamente después), y ligado a las mayores pérdidas de peso, sufrían una mayor tasa de mortalidad. Por razones que desconozco y cuya explicación no he encontrado en el artículo original, el ganado claro debía de tener una actividad metabólica más alta que el oscuro ya que eso explica la mayor pérdida de peso cuando, por efecto de la sequía, comían menos o no comían, y también su más lenta recuperación al volver a alimentarse con normalidad. Así pues, existían claras diferencias entre unos y otros en cuanto a su capacidad para adaptarse a los diferentes entornos. Los pastores masais, como es lógico, eran perfectos conocedores de todo esto e incluso sabían que cuando un animal empezaba a tener problemas de hidratación comía menos, lo que constituía el indicador para llevar el ganado a abrevar.

La conclusión que obtuvieron Finch Y Western es que las preferencias sociales no eran las que determinaban la distribución geográfica del ganado en función de su color, aunque sí parecía reforzar el efecto que ejercían los factores ambientales, dado que los pastores eran conocedores el significado ecofisiológico del color del pelaje del ganado.

Fuente: Virginia A. Finch & David Western (1977): Cattle Colors in Pastoral Herds: Natural Selection or Social Preference? Ecology Volume 58, Issue 6 Pages 1384–1392 DOI: 10.2307/1935090

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