Gigantes

Modelo de Meganeura, uno de esos insectos gigantes carboníferos en el Museo de Hª Natural de Berlín (foto de Gunnar Ries Amphibol en Wikipedia)
Modelo de Meganeura, uno de esos insectos gigantes carboníferos en el Museo de Hª Natural de Berlín (foto de Gunnar Ries Amphibol en Wikipedia)

En el Carbonífero había libélulas (orden Protodonata) en las que la distancia entre las puntas de las dos alas era de 0’7 m; también había milpiés de hasta 1 m, así como salamandras de hasta 2 m de longitud. El fósil de una de éstas es el que atribuyó Johan Jakob Scheuchzer a un ser humano que supuestamente habría perecido, ahogado, por culpa del diluvio universal, el homo diluvii testis.

Esos casos son ejemplos de un curioso fenómeno. Me refiero al gigantismo de algunos animales que se produjo durante el Carbonífero. La mayoría de los gigantes, por comparación con sus semejantes actuales, eran insectos voladores, pero también eran de grandes proporciones los artropleuridos (un grupo extinto de artrópodos), milpies y algunas especies terrestres de la subclase Labyrinthodontia (un grupo de anfibios extinguido).

Pues bien, es muy posible que el fenómeno del gigantismo se debiera a la alta concentración de oxígeno que hubo en ese periodo. La concentración de oxígeno ha experimentado grandes cambios a lo largo de la historia de la Tierra. Al principio no había oxígeno. Luego ha habido épocas de altas y de bajas concentraciones de este gas, al igual que ha ocurrido también con otros gases, como el dióxido de carbono (CO2) y el metano (CH4). En la actualidad, la concentración atmosférica de oxígeno es de 20’5%, pero en el pasado llegó a ser del 35%. Tras la aparición de los metazoos, la más baja ha sido del 15%.

El Carbonífero es el periodo de la historia de la Tierra con un mayor contenido en oxígeno en su atmósfera. Cuando en una especie el oxígeno llega hasta las células del interior de un organismo mediante procesos de difusión principal o únicamente[1], la concentración ambiental de oxígeno constituye un determinante fundamental del tamaño que pueden alcanzar los individuos de esa especie. Veamos por qué. Si la concentración atmosférica de O2 alcanza valores tales como el 35%, su tasa de difusión es un 67% más alta que la que se produce cuando la concentración es de un 21%, y esa elevación resulta de gran importancia para los animales en los que la función respiratoria depende en una medida importante de la difusión de oxígeno. Entre esos animales se encuentran, por supuesto, los que disponen de un sistema traqueal, como es el caso de los insectos. Por ello, a la alta concentración de oxígeno en el Carbonífero se debería el hecho de que sea el de los insectos el grupo que presenta la mayoría de casos de gigantismo conocidos, dado que su aparato respiratorio es un sistema traqueal.

Como señalé aquí, dadas las características del sistema traqueal de insectos, el tamaño que pueden alcanzar se halla limitado y no puede llegar a ser muy grande. Pero cuando cambian las condiciones para la difusión de O2 porque cambia su concentración ambiental, por ejemplo, también se modifica el límite del tamaño; eso es lo que hemos podido comprobar en esta entrada.

Recreación de un especimen de Arthropleura (imagen: Sailko, Wikipedia)
Recreación de un especimen de Arthropleura (imagen: Sailko, Wikipedia)

Por otra parte, es posible que ocurra algo similar con los anfibios urodelos. Al ser muy dependientes de la respiración cutánea, quizás su tamaño también se encuentre limitado por ese factor, y quizás por esa razón, algunas especies del grupo pudieron llegar a tener hasta 2 m durante el Carbonífero. No obstante, conviene recordar aquí la existencia de dos especies de salamadras gigantes, la de China, Andrias davidianus (1’8 m), y la del Japón, Andrias japonicus[2] (1’5 m), ambas acuáticas, ambas de aguas frías y bien oxigenadas, y ambas en gravísimo peligro de extinción, por la reducción progresiva de la extensión de sus habitats y por ser considerada, -la china al menos-, un manjar gastronómico exquisito. La existencia de salamandras tan grandes indicaría que o bien a los anfibios urodelos no les es aplicable la lógica que explica el gigantismo en insectos, o bien cuentan con un dispostivo de captación y distribución del oxígeno muy eficiente (posiblemente una piel muy vascularizada) o alternativamente, quizás el medio en que viven y el modo de vida (pausado) de estas salamandras les permiten alcanzar tamaños tan grandes.

Lo que he presentado en estas líneas no es más que una hipótesis basada en consideraciones teóricas acerca de la física de la difusión de gases y en el registro fósil. A su favor tenemos, además de lo aportado en relación con el Carbonífero, el hecho de que durante el periodo Pérmico se produjo la extinción de las especies de gran tamaño citadas, en coincidencia temporal con una importante reducción en la concentración de O2. Y que el retorno de condiciones hiperóxicas durante el Cretácico vino acompañado por la aparición de nuevas especies de insectos de gran tamaño. Los insectos gigantes de este periodo eran efemerópteros, aunque volvieron a desaparecer cuando se produjo una posterior reducción de la concentración atmosférica de oxígeno.

[1] El paso de oxígeno de un enclave a otro, o su extensión por todo un volumen de un fluído siempre se produce por difusión. Pero no es lo mismo que esa difusión ocurra sin ningún otro dispositivo que ayude a su transferencia y que sí exista tal dispositivo. En la mayoría de los animales tal dispositivo consiste en la combinación del órgano respiratorio con un sistema circulatorio que, además, suele venir complementado por pigmentos respiratorios (hemoglobina u otros) que aumentan la capacidad de la sangre para albergar y, por lo tanto, transportar oxígeno.

[2] El nombre genérico Andrias fue el que otorgó Cuvier a la salamandra fósil que había encontrado Scheuchzer en los Alpes. La llamó Andrias scheuchzeri, lo que es una buena muestra de sentido del humor, ya que andrias significa “a imagen del hombre” y scheuchzeri quiere decir “de Scheuchzer”. Me sorprende que se le haya dado el mismo nombre genérico a estas salamandras gigantes, pues no creo que tengan parentesco tan cercano con la suiza.


4 Comentarios

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astrologoastrologo

Tengo entendido que no está del todo clara que la cantidad de oxigeno en la atmósfera fuese la verdadera causa de la reducción del tamaño de esos insectos, que es una teoría que se cuestiona. He leído por alguna parte que, en su lugar, fue el desarrollo de las aves lo que provocó realmente la reducción del tamaño de los insectos, según esta teoría, con dicha reducción conseguirían mayor maniobrabilidad y ser más difíciles de cazar por parte de las aves. ¿Qué sabe sobre esa teoría alternativa? ¿Cuál le parece más correcta?

Juan Ignacio Pérez

No sé nada de nada. Por lo que no puedo inclinarme por una o por otra. La que he expuesto yo es especulativa en extremo, pero me gusta, porque me permite hablar de los animales cuya respiración depende mucho de la difusión de oxígeno de forma directa.
Gracias por el comentario.

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