Un corazón portentoso

Suncus etruscus (Imagen: Trebol-a; Wikipedia)
Suncus etruscus (Imagen: Trebol-a; Wikipedia)

El corazón de un gorrión, al igual que el de un ratón, late muy rápido. Quien haya cogido en sus manos a uno de esos animales se habrá percatado de ello con facilidad. Su corazón se contrae a una fecuencia muy alta. Parte de la culpa la tiene, seguramente, el encontrarse en las manos de un animal mucho más grande: no debe de resultar nada tranquilizadora esa situación. Pero incluso si descontamos ese factor, el ritmo al que late el corazón del pajarillo o del ratón sigue siendo muy alto.

Si, por el contrario, auscultásemos a un elefante, enseguida notaríamos que su corazón va muy despacio. Hay una diferencia enorme entre el latido de un gorrión y el de un elefante, y eso ocurre porque la frecuencia a la que late un corazón varía mucho con el tamaño del animal. Los de animales pequeños laten muy rápido y lo contrario ocurre con los corazones de los animales grandes. Así pues, el metabolismo no es la única función que varía con el tamaño; de hecho, tasa metabólica y frecuencia cardíaca varían con el tamaño del mismo modo, de acuerdo con la misma función. La relación entre la frecuencia de latido (fh: min-1) (latidos por minuto) de un mamífero y su tamaño (W: kg) es la siguiente: fh = 241 x W-0’25.

La musaraña etrusca es el mamífero más pequeño que se conoce. Tiene 2 g de masa y para que nos hagamos una idea de su tasa metabólica, valga el dato de que necesita comer al día 2’6 g de alimento. Esto es, come cada día una cantidad equivalente a 1’3 veces su propia masa corporal, y hay que tener en cuenta que su dieta la componen insectos y pequeños gusanos[1].

El corazón de una musaraña etrusca late a una velocidad difícil de creer y hasta de imaginar: ¡1.200 latidos por minuto! Y eso gracias a que el corazón de la musaraña es relativamente grande. Sí, es muy pequeño en términos absolutos, claro está, pero en comparación con su tamaño corporal es grande. En los mamíferos, el corazón viene a tener una masa que supone un 0’6% de la corporal. Si la musaraña etrusca tuviera un corazón de esa proporción, sería de 0’012 g, cuando en realidad es de 0’035 g, tres veces mayor. Pues bien, gracias a ese tamaño tan grande el corazón no se ve obligado a latir a una frecuencia de 3.500 min-1, frecuencia que probablemente no podría alcanzar. De esa forma, lo puede hacer a un ritmo tan bajo como los 1.200 min-1, o lo que es lo mismo, ¡20 latidos por segundo!

[1] A efectos comparativos, la ración diaria de alimento de un elefante equivale a un 4% de su masa, y en el elefante se trata de materia vegetal.

2 Comentarios

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jorge blancojorge blanco

¿Como es posible que quepa el cerebro de un mamifero (aprendizaje, emociones, memoria, etc) en un cuerpo de 2g? Realmente eso me asombra más que el ritmo del corazon.

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