Marmotas crecientes

Marmota flaviventris (Imagen: Inklein; Wikipedia)
Marmota flaviventris (Imagen: Inklein; Wikipedia)

Volvemos a hablar de marmotas. Estas pertenecen a la especie Marmota flaviventris y, más en concreto, a una población que habita en una zona denominada Upper East Valley (Colorado, EEUU). Estas marmotas nos interesan porque durante las tres últimas décadas se han registrado cambios evidentes en algunos de los rasgos de su ciclo de vida. Y es muy probable que tales cambios hayan sido ocasionados, en última instancia, por la elevación de las temperaturas producida en esa parte del mundo durante las últimas décadas.

Variables tales como masa corporal, fecha de nacimiento, tasa de crecimiento y esfuerzo reproductor han experimentado variaciones y debido a esas variaciones, el número de ejemplares de la población ha aumentado sensiblemente.

Un conjunto de investigadores de diferentes universidades del Reino Unido y de los Estados Unidos han venido estudiando el ciclo de vida de las marmotas de esa especie en la población citada. Durante la primera mitad del periodo estudiado, el peso medio de las marmotas adultas prácticamente no cambió. Las de dos años de edad tenían una masa media durante esa primera parte de 3.094 g, pero alcanzaron un peso medio de 3.433 g a lo largo de la segunda.

Además de la masa corporal media de las marmotas, el tamaño de la población también ha aumentado. Aunque positiva, la tasa de cambio del tamaño poblacional fue muy baja hasta el año 2000 (0’56 marmotas/año), pero a partir de ese año se elevó hasta llegar a ser de 14’2 marmotas/año. Los cambios producidos quedan muy bien reflejados en esos dos parámetros, pero en los últimos años también se modificaron otros rasgos cuantitativos del ciclo de vida.

La tasa de supervivencia de las marmotas, sobre todo la de las de mayor tamaño, se elevó durante la segunda parte del periodo estudiado, y a la vez, también se incrementó durante ese periodo la tasa de crecimiento individual, sobre todo la de los ejemplares más jóvenes. Además, las marmotas de mayor tamaño tuvieron más oportunidades de reproducirse, lo que hizo que se elevase su potencial reproductor.

El aumento poblacional que ha tenido lugar durante la última década cabe ser atribuído a dos factores, la tasa más elevada de crecimiento de los individuos jóvenes por un lado, y la mayor tasa de supervivencia de los ejemplares adultos por el otro. Este segundo factor, el de la tasa de supervivencia ha sido clave; el caso es que las marmotas adultas eran más grandes durante este segundo periodo que al comienzo del estudio y la supervivencia de las marmotas es mayor cuanto mayor es su tamaño corporal.

Hasta aquí la descripción de los principales resultados del estudio. A partir de aquí analizaremos la secuencia de relaciones causa-efecto que ha conectado los cambios operados en los individuos con los cambios que ha experimentado la población. Antes del año 2000, la tasa media de crecimiento de los ejemplares jóvenes fue de 1.523’7 g/año, pero pasó a ser de 1.847’4 a patir de aquel año. Como consecuencia de esa subida, las marmotas del segundo año han alcanzado un mayor tamaño durante esta última década.

Esa mayor tasa de crecimiento ha sido, muy probablemente, consecuencia de la temperatura ambiental más alta de los años posteriores a 2000. Lo cierto es que conforme ha aumentado la temperatura, también se ha prolongado el tiempo durante el cual las marmotas permanecen “despiertas”, sin entrar en hibernación. Esto es, como la temperatura ambiental se ha elevado, las marmotas no se han visto obligadas a hibernar durante tanto tiempo. Al fin y al cabo, y como ya vimos en artículos anteriores, dado que es muy caro tratar de mantener constante (y elevada) la temperatura corporal cuando baja mucho la temperatura ambiental en invierno, la hibernación constituye un mecanismo idóneo para limitar el gasto energético. Así pues, gracias al aumento térmico que se ha producido durante los últimos años, las marmotas hibernan durante periodos más cortos, y debido a ello, la tasa de crecimiento anual aumenta, puesto que desde que nacen hasta que llega el momento de hibernar, los individuos jóvenes disponen de más semanas para alimentarse y crecer. Esa es la razón por la que ha aumentado el tamaño corporal de las marmotas.

Por otro lado, ese aumento del tamaño ha ejercido un efecto positivo sobre la supervivencia invernal, lo que ha permitido que se hayan podido reproducir más. De hecho, han sido esos dos factores, la mayor supervivencia invernal y el mayor potencial reproductor, los que han provocado el aumento del número de marmotas de la población durante la última década.

Los fenómenos documentados en este trabajo me han retrotraído a un artículo que publiqué aquí hace unos meses sobre las ovejas de la isla de St. Kilda, aunque la tendencia observada en las ovejas había sido justo la contraria de la experimentada por las marmotas. Aquellas ovejas han venido siendo cada vez más pequeñas, ya que la elevación de las temperaturas de las últimas décadas ha permitido superar el invierno a ovejas de menor tamaño que las que lo superaban antaño. Lo visto en este artículo es lo contrario, porque el tamaño de las marmotas es mayor ahora que hace décadas. Y sin embargo, se trata de fenómenos paralelos, ya que en ambos casos las características de los ciclos de vida se han visto modificadas debido a la elevación de la temperatura del entorno, y se han basado en una mayor supervivencia durante la estación más rigurosa del año.

Fuente: Arpat Ozgul, Dylan Z. Childs, Madan K. Oli, Kenneth B. Armitage, Daniel T. Blumstein, Lucretia E. Olson, Shripad Tuljapurkar & Tim Coulson (2010): “Coupled dynamics of body mass and population growth in response to environmental change” Nature 466: 482-487

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