El miedo paga

Por Juan Ignacio Pérez, el 4 mayo, 2014. Categoría(s): General ✎ 5
Gorrión melódico (Fotografía: Ken Thomas; Wikimedia Commons)
Gorrión melódico (Fotografía: Ken Thomas; Wikimedia Commons)

El depredador, si puede, se come a la presa, y la presa hace todo lo posible por evitar ser comida. Esa relación condiciona la demografía de las dos especies. El depredador obtiene biomasa de ese modo, por lo que puede utilizarla para producir nuevos individuos de su misma especie. La presa, por el contrario, desaparece; por ello, el número de ejemplares de la población a la que pertenece disminuye y el potencial para producir nuevos individuos también desciende. Aunque la mayoría de las relaciones tróficas que existen entre las especies son más complejas, muchas de las que se dan en la naturaleza obedecen, en lo esencial, a ese modelo.

Pero resulta que los depredadores, además del efecto directo que ejercen sobre las presas a través de la mortalidad, les causan un daño adicional, lo que conlleva un efecto negativo asociado sobre la demografía de sus poblaciones. La culpa la tiene el miedo de las presas. Esto es lo que se ha observado en estudios realizados con el gorrión melódico Melospiza melodia. Porque resulta que este gorrión pone menos huevos en cada puesta cuando se encuentra amenazado por la presencia de depredadores.

Así es, el comportamiento de Melospiza se modifica de forma muy marcada cuando percibe la amenaza de depredadores: hacen sus nidos en zonas de vegetación más densas, tienen un comportamiento más miedoso -o más prudente, depende de cómo se mire-, permanecen durante menos tiempo en el nido incubando los huevos y, por último, los padres frecuentan menos el nido para alimentar a los polluelos tras la eclosión de los huevos. Como consecuencia de ese comportamiento, la probabilidad de que eclosionen los huevos es menor, como también lo es la probabilidad de que los pollos alcancen con vida el momento de abandonar el nido. Esos son los costes que se derivan del miedo que tienen las presas potenciales a sus depredadores, y como consecuencia de esos costes, el número de crías de una madre atemorizada se reduce hasta en un 40% por comparación con el de las que no sufren amenaza ninguna.

¿Cuál es la razón de que se produzca ese efecto? ¿Por qué ponen menos huevos las hembras atemorizadas? ¿Por qué es menor su esfuerzo reproductivo? ¿Por qué esos costes? Esas preguntas no tienen una respuesta fácil, pero seguramente, ese es el comportamiento que más beneficio reporta cuando es alta la probabilidad de que sean atrapadas las crías recién nacidas o de corta edad. La lógica subyacente a ese comportamiento sería la siguiente: en condiciones de alto riesgo no tendría mucho sentido dedicar un gran esfuerzo a la puesta, a incubar los huevos y a atender a las crías, porque también sería alta la probabilidad de que se perdieran los frutos de todo ello. Escatimando esfuerzos bajo condiciones de alto riesgo de depredación se conseguiría, sin embargo, ahorrar recursos que podrían ser utilizados en una posterior época reproductora, asumiendo que el riesgo de depredación no es constante a lo largo del tiempo.

Sean cuales sean las razones, parece claro que la percepción del peligro de depredación ejerce efectos muy negativos sobre la demografía del gorrión melódico. Y por lo tanto, los depredadores ejercen, como antes he señalado, una doble influencia negativa: por un lado la directa, a través de la mortalidad que causan, y por el otro, la indirecta que ocasionan a través del miedo.

Fuentes:

Thomas E. Martin (2011): “The Cost of Fear” Science 334: 1353-1354

Liana Y. Zanette, Aija F. White, Marek C. Allen, Michael Clinchy (2011): “Perceived Predation Risk Reduces the Number of Offspring Songbirds Produce per Year” Science 334: 1398-1401



5 Comentarios

  1. Pero, siguiendo ese mismo razonamiento, si el miedo a la depredación disminuye estas probabilidades, es lógico pensar que en ausencia de un «periodo de depredación» aumenten, con lo que queda compensado, y la relación trófica queda «a salvo».

  2. También las parejas que sean capaces de sacar adelante pollos en esas condiciones están demostrando una «alta calidad genética». Los efectos a largo plazo pueden ser interesantes.

  3. Si debido al miedo hay menos pollos, a la larga los depredadores se mueren de hambre y disminuye la población de depredadores. Evolutivamente acaba siendo rentable no gastar energías en engordar a los depredadores. Por contra, cuando muchos depredadores ya han desaparecido, vuelve a ser ventajoso no tener miedo, porque los pajaritos valientes tendrán más descendientes. Comenzaría un ciclo de pajaritos valientes y poblaciones crecientes de depredadores bien surtidos, hasta que vuelva a ser rentable pasar miedo…un ciclo sin fin de equilibrios delicados.

  4. Ya puestos también podemos interpretar la disminución de descendientes de la presa como una estrategia para reducir depredadores. Si el número de presas disminuye el número de depredadores también, porque no tienen de que alimentarse. Luego restauramos el equilibrio.

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Por Juan Ignacio Pérez, publicado el 4 mayo, 2014
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