El letargo invernal de los osos

Oso pardo
Oso pardo (fuente: wikipedia)

El letargo invernal de los osos es muy diferente del que experimentan otros mamíferos. El gran naturalista Georges Louis Leclerc, más conocido como conde de Buffon, ya se había referido a la diferencia en el modo de hibernar de unos mamíferos y otros en su obra “Histoire naturelle, générale et particulière“. En el capítulo dedicado a los osos, dice lo siguiente: “en el invierno los osos se refugian en sus madrigueras, pero a diferencia de las marmotas, no pierden completamente los sentidos y no se encuentran aletargados del todo“. Como expliqué aquí, en sentido estricto, solo los mamíferos de pequeño tamaño que tienen grasa parda hibernan. Pero entonces, si el estado de los osos no cabe ser considerado hibernación, ¿en qué consiste ese estado?

Para empezar hay que decir que de lo que se trata es de ahorrar energía. Así pues, en ese aspecto los osos no se diferencian de los demás mamíferos hibernantes, ya que experimentan esa condición de letargo en la época del año en que el alimento escasea o, sencillamente, no se encuentra disponible. Igualmente, durante el letargo, los osos, al igual que las marmotas, reducen considerablemente la tasa respiratoria y la frecuencia cardiaca: la frecuencia de latido, por ejemplo, se reduce desde los habituales 40-50 latidos min-1 hasta 8-10 latidos min-1.

Pero además de las similitudes, también hay, como antes he señalado, importantes diferencias entre las dos estrategias de ahorro energético. Por un lado, los pequeños mamíferos despiertan ocasionalmente a lo largo del periodo de hibernación y parece ser que esos despertares son necesarios y es en esos momentos cuando eliminan los residuos que han almacenado. Los osos, por el contrario, no salen nunca de la madriguera mientras dura el letargo (3-6 meses); entre tanto no comen nada, ni tampoco eliminan orina o heces. Y sin embargo, tal y como se percató Buffón, no llegan a alcanzar el estado comatoso en que se encuentran los pequeños mamíferos que hibernan.

Por otro lado, las diferencias más importantes entre las dos formas de hibernar son las relativas a la temperatura corporal. Los osos, a diferencia de los pequeños mamíferos, solo reducen en unos pocos grados la temperatura interna: pasan de los habituales 37-39ºC a unos 31-35ºC, por lo que mantienen el cuerpo a una temperatura bastante más alta que la del ambiente. Eso es algo en lo que ayudan de manera notable cuatro factores: la gran masa de los osos, la postura recogida que adoptan para hibernar, la capa de grasa superficial que acumulan antes de empezar el letargo, así como el grueso pelaje del que se dotan en otoño. Es más, tanto el cerebro como los órganos vitales se mantienen a una temperatura muy próxima a la normal durante casi todo el period de letargo.

Así pues, si los comparamos con los “verdaderos hibernantes“, la diferencia más notable es la que se refiere a la temperatura corporal. Aquéllos la reducen hasta el valor de la temperatura ambiental y solo la elevan durante los despertares ocasionales, elevación que es posible gracias a la producción de calor que realiza la grasa parda. De hecho, la razón por la que se afirma que los osos no son verdaderos hibernantes es porque no experimentan un estado de hipotermia similar al de los pequeños mamíferos y al estado de mínima actividad en que se encuentran durante los meses fríos se le suele denominar letargo invernal, estableciéndose así una diferencia con el estado de hibernación.


4 Comentarios

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AntonioAntonio

Muy curioso. ¿Realmente no producen orina ni heces durante la hibernación o simplemente las eliminan al acabar la hibernación?

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